Mis únicos y queridos lectores, el título del artículo no tiene que ver con la defensa del escritor y activista político francés, Emilio Solá, en el caso Dreyfus, sino sobre la llovizna persistente que se cierne sobre el exalcalde de la metrópoli capital Pachuca, Sergio Baños.
En entrevista reciente que le realicé al contralor Álvaro Bardales, le cuestioné si existía alguna investigación sobre la gestión de Baños Rubio, a lo que respondió que se está realizando un arqueo por la cantidad de 9 millones de pesos que están como los perones perdidos en los perales.
En este laberinto de pasiones, Sergio Baños no ha estado exento de críticas a su administración en la metrópoli capital de Pachuca; ello, porque primó la inequidad de acciones, despropósitos públicos y distancia superflua con la ciudadanía que terminó encabritada y al borde del linchamiento público.
Entre encabritadas y encabritados, la gestión de Baños Rubio ha estado en el ojo del huracán, antes, durante y después de haber concluido, al grado que el fuego “amigo” también lo ha cuestionado. Recuerdo cuando entrevisté al exgobernador Francisco Olvera Ruiz que acusó de “traidor” a Sergio Baños; mientras que, también en entrevista, Carolina Viggiano acusó que la debacle priista y los estragos de las derrotas electorales en Hidalgo también tenían un peso específico en la actuación de Baños Rubio.
Este escenario hace parecer que Sergio Baños es menos querido que Anita la huerfanita.
La administración del gobernador Julio Menchaca vive un momento histórico, donde las realizaciones en la construcción de su gestión han dado paso a la proximidad ciudadana y a la amplia necesidad de consolidar el gobierno de la 4T. En este esquema, el presidente municipal de la metrópoli capital Pachuca, Jorge Reyes Hernández, ha interpretado el reto de reorientar la estructura del ayuntamiento en este esquema de proximidad ciudadana y dejar atrás los magros resultados de la administración de Baños Rubio.
Empero, parece que el juicio de la historia (perdón, me excedí), el juicio de la clase política de Hidalgo no se ha hecho esperar sobre Sergio Baños, y tanto priistas como morenistas se encuentran demandando en un ¡Yo acuso! al exalcalde de Pachuca para que se esclarezcan las zonas de vacío que a su juicio creó su gestión.
¿De dónde viene tanto encono y pasiones encontradas sobre Sergio Baños que asemejan al dicho de barrio de que “muerto el perro se acabó la hidrofobia”?
La respuesta es más intrincada que conocer de dónde provienen las “patadas de bicicleta de Alfredo Adame”, por lo que me concretaré a señalar tres escenarios.
I. La ruptura con la dirigencia del PRI, que venía precedida de la disolución de militancia entre el exgobernador Omar Fayad con la cúpula priista.
II. La factura de la inconcreción de la tarea pública que creó “hallazgos municipales”, donde el albergue de perros se unió para cercenar el desastre de la pavimentación, el despojo sanitario de la recolección de basura de ciudadanas y ciudadanos cochinos, el reparto de cobijas con vestimentas de lujo y la barda perimetral de los 3 millones en San Javier.
III. El flujo de aviadores, sobresueldos y vacíos en la cuenta pública.
¡Yo acuso! parece ser el clamor de la clase política inconforme y la ciudadanía.

Por: Carlos Barra Moulain
Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.