Fernández Noroña ¿en primera clase?

La austeridad republicana se traduce en un ejercicio de gobierno apegado a la ley y en cuidado de los recursos públicos. En ningún caso implica ver como menesterosos a los servidores del gobierno.

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Por: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.

Me desperté con la voz fatua y petulante de Joaquín López-Dóriga en mis oídos; cometí el error de dejar abierto un portal de noticias.

 

Las bravuconadas de López-Dóriga ahuyentaron mi sueño porque escuché una arenga que me hizo bajar de los brazos de Morfeo: Noroña, si compruebo que viajaste en primera clase ¡renuncia!, si no te lo compruebo yo renuncio y me aviento ese tiro. La arenga era poco menos que un reto al estilo del viejo Oeste, donde un pistolero perdería la vida.

 

Como López-Dóriga requiere auditorio es capaz de arengar al Papa, aunque el Santo Pontífice se encuentre convaleciente.

 

Mis únicos y queridos lectores, les develo este suceso porque no podemos confundir austeridad republicana con estupidez de austeridad intelectual como la de Joaquín López-Dóriga.

 

Gerardo Fernández Noroña al viajar -lo haya hecho en primera clase o en última clase- se encontraba en una función de su investidura como funcionario público y, como señaló la presidenta Claudia Sheinbaum, utilizando recursos lícitos para el efecto; por lo que el combativo Noroña no hizo uso ilegítimo, ilegal o corrupto de los recursos que tiene asignados.

 

La monserga de esta madeja estriba en el hecho de que la austeridad republicana, axioma del tlatoani López Obrador, es utilizada, ahora, por conveniencia de la rancia casta de la vieja política a la que pertenece López-Dóriga para aludir “dónde quedó la austeridad”, siendo que el mismo López-Dóriga cuestionaba que el expresidente López Obrador viajara en vuelos comerciales, arguyendo que violaba los protocolos de seguridad y que esto era una irresponsabilidad. Por cierto, tanto criticó López-Dóriga que AMLO utilizara su Tsuru que cuando López Obrador comenzó a utilizar camioneta nueva para sus giras esto tampoco le embonó, cuestionando “¿dónde quedó la austeridad republicana?”.

 

Por favor, no confundamos austeridad republicana con estupidez de austeridad intelectual.

 

En Hidalgo hemos visto más de una vez al gobernador Julio Menchaca con mangas de camisa y chaleco guinda atendiendo las necesidades de comunidades y pueblos, realizando un trabajo de proximidad ciudadana y, también, lo hemos visto en los festejos del Grito de Independencia, ataviado de traje. En ninguno de los dos casos opera el dispendio del erario público.

 

La austeridad republicana se traduce en un ejercicio de gobierno apegado a la ley y en cuidado de los recursos públicos. En ningún caso implica ver como menesterosos a los servidores del gobierno, lo cual no implica estar desubicado e ir a repartir cobijas a un sector desposeído y marginal de Hidalgo ataviado con una chamarra que cuesta más de 40 mil pesos.

 

Cuando triunfó la Revolución rusa los revolucionarios -algunos toscos y sin mayor inteligencia- le exigían a Vladimir Lenin que destruyera los palacios del Zar Alejandro II, debido a que en su reinado, al igual que el de Luis XVI en Francia, el pueblo se moría de hambre mientras la realeza vivía en la opulencia orgiástica. Apelando a ello, los revolucionarios bolcheviques le pidieron a Lenin que destruyera todo signo de opulencia y Lenin contestó: “la Revolución no es para destruir, sino para construir un porvenir donde los seres humanos gocen de las mismas oportunidades”. Lenin preservó los palacios de la realeza y se los entregó al pueblo.

 

En una condición de austeridad republicana, el gobernador Julio Menchaca ha destinado los recursos recuperados de la Estafa Siniestra a obras de beneficio social y de infraestructura pública; en ello existe probidad, no en la ridiculez que cuestiona López-Dóriga de manera mordaz sobre Fernández Noroña, de que si iba o no en primera clase.

 

Mis únicos y queridos lectores, no hay que confundir las causas con los efectos, como señaló Nietzsche en su libro “El crepúsculo de los ídolos”. Joaquín López-Dóriga, como todo aquel que presenta estupidez de austeridad intelectual, les dirá: “dónde quedó la austeridad republicana”.

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Por: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.