No cabe duda que los paralelismos de la malversación pública se presentan en todo el planeta y ello se debe a que la casta política -que hace del Estado el botín de la piratería pública- encuentra en los usos indebidos del poder los recovecos que niegan la soberanía del pueblo, que suele encumbrar a líderes sin escrúpulos, porque su cultura política languidece en las redes sociales, en la carencia de instrucción o en el desapego a la realidad social, lo que exige una nueva ventana de construcción social de la ciudadanía.
La estafa realizada por Javier Milei, todavía presidente de Argentina, no es distinta en lógica de malversación pública a la Estafa Siniestra en Hidalgo. Sin embargo, vale como ejercicio de pedagogía política enunciar cómo se llevan a cabo estas tropelías públicas.
Un servidor público no puede ser juez y parte y, por ende, vivir del erario público y realizar negocios particulares porque conoce información privilegiada del aparato de Estado y ello puede incidir en inclinar la balanza de sus negocios o de otros, en un juego de intereses tan intrincados como ocurrió con los desvíos y la red de corrupción de la Estafa Siniestra en el oscuro bastión del antiguo régimen.
Javier Milei -a quien se le acusa de estafa por impulsar desde su cuenta de X (antes Twitter) una cripto moneda o moneda digital denominada $LIBRA, de la cual existen razones sobradas para entrar en la figura del uso del aparato de Estado, información privilegiada y juegos de intereses particulares- operó con una figura ambivalente de malversación pública como se hizo en la Estafa Siniestra en Hidalgo: inflando el precio de un bien mueble o inmueble, servicio o programa social.
Ahora en Argentina a Milei le apodan el Faraón, porque la única obra que ha hecho es una pirámide.
La cripto moneda $LIBRA, que Javier Milei desde su cuenta X impulsó y alentó a comprar, sin mayor respaldo, apareció con un precio elevado y los mercados y particulares la compraron cara y, en cuestión de horas, se desplomó en precio y valor porque carecía de respaldo. La jugada es sencilla, tenía un valor inflado.
En la Estafa Siniestra ocurrió lo mismo en diversas dimensiones. Se adquirían bienes e insumos a un precio menor y se le clasificaba a otro mayor, por lo que en el inflar de los precios las ganancias se acumulaban y también se disfrazaban en los programas sociales o el infausto fondo perdido. Lo intrincado venía después porque se debían filtrar los millones de pesos malversados: el fondo perdido, la duplicidad de facturas, las empresas fantasmas, los prestanombres, los particulares y sus ramificaciones, así como el dinero en efectivo que se acumuló en cuentas de paraísos fiscales; se tornó un laberinto que tiene a la Auditoría Superior del Estado de Hidalgo en un vaivén que es poco menos que encontrar la hebra de la madeja perdida.
Una de las ramificaciones a título de contubernio triangulado lo implican las revelaciones sobre presidencias municipales, Infonavit y empresas inmobiliarias en Hidalgo. Aquí, no sólo estamos en la predisposición de precios inflados, sino de legalización de un uso y abuso indebido de suelo, contratos sin licitación y a modo, uso de la obra pública en favor de negocios particulares, redes de filtración de insumos e infraestructura, empresas fantasmas, prestanombres, duplicidad de títulos de propiedad, corrupción directa e indirecta.
Este escenario invita a preguntar y a cuestionar: ¿con qué autoridad moral el PAN Hidalgo se ha manifestado para obstruir la reforma al Infonavit impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum para extirpar la corrupción que primó en este organismo público en el antiguo régimen?
El análisis crítico de la malversación pública nos evidencia que mientras la ciudadanía no engrose el monitoreo de la gestión pública y los protocolos de transparencia no sean orientados hacia el escrutinio ciudadano, la corrupción seguirá imperando en las zonas de vacío en donde los protocolos anticorrupción suelen no operar. Así como hablamos del paraíso de las candidaturas plurinominales, que son la evidencia palpable de que la clase política ha sido juez y parte, el famoso “fondo perdido” es el epitafio de la probidad pública y deberá ser una de las hebras de la madeja gubernamental a extinguir, al igual como se pretende extinguir la figura de los escaños plurinominales.
De Javier Milei a la Estafa Siniestra el paralelismo es el mismo: corrupción.
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