Reza el tango: “Todo tiempo pasado fue mejor”. En estos días de redefinición política, nada resulta tan aleccionador como las implicaciones que presenta para la realidad-país la crisis por la que atraviesa el partido fundado por Plutarco Elías Calles: el Revolucionario Institucional.
El análisis crítico de los aprietos en que se encuentra el tricolor tiene cuestionamientos de fondo. Iniciemos argumentando que los partidos populistas en América Latina (incluido el PRI) tuvieron y han tenido ascensos y descensos en la preferencia de la ciudadanía porque sus acciones difieren de sus intenciones, es decir, el predicado no conecta con el sujeto social.
Cuando se instaura a través del PRI el populismo como reestructuración política-económica del Estado durante la administración del presidente Lázaro Cárdenas, el objetivo era claro: controlar las fuerzas productivas de obreros y campesinos en favor de las élites económicas y políticas, para echar a andar la economía a través de un esquema nacionalista que evitara la confrontación de clases (lucha de clases). Este discurso nacionalista se logró con un éxito que se tradujo en décadas de control social y crecimiento económico, al grado que el PIB llegó a crecer al 6%, condición de la cual los regímenes actuales no tienen memoria.
Este escenario en el que el PRI logró su primacía se fue erosionando tanto por fuerzas internas como externas; internas, al admitir un crecimiento burocrático del Estado que llegó a caer no solo en autoritarismo político, como sucedió en 1968, sino también por niveles de corrupción e impunidad que deterioraron los usos del Estado y debilitaron a las fuerzas democráticas; los externos tenían que ver con la presencia de las relaciones económicas del nuevo orden de posguerra, donde la provisión de materias primas, como el petróleo, se sujetó a nuevos mercados e incursiones como la competencia de los países árabes y los flujos deflacionarios, que también incidió en desequilibrios internos en México, del abandono del sector primario y la migración, amén de las que no puedo mencionar por falta de espacio.
La degradación política del PRI se ha acompañado de un decrecimiento en las oportunidades y expectativas de vida de la ciudadanía y de la inmovilidad de espacios legítimos de democracia para la ciudadanía.
En esta suma, la debacle política del PRI denota un ascenso en la deliberación de fuerzas sociales y políticas que han ganado los espacios de conducción gubernamental que el mismo tricolor abandonó por una conducta viciada de los usos del poder político.
La buena noticia es que los partidos populistas regresan en tiempo y espacio, por lo cual, la crisis del PRI es solo eso: una crisis, pero no necesariamente su muerte política.
Consultoría política y lectura de Tarot: [email protected].
Suscríbete a mi canal de YouTube: “Ciudadanía de Kristal”.

Por: Carlos Barra Moulain
Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.