Con la fuerza de un discurso beligerante, pero desprovisto de argumentos que analíticamente permitan asumir la derrota política, Carolina Viggiano ha recurrido a la explicación del “daño colateral” para presentar lo impresentable del cisma político que vive el PRI Hidalgo.
Nuevamente en conferencia de prensa, donde los personeros que la acompañan son sólo comparsa de una narrativa política, Carolina Viggiano desplazó la culpa de la derrota política del 2 de junio, responsabilizando al exgobernador Omar Fayad por haber causado “daño” al partido tricolor en diferentes dimensiones, tiempos y movimientos que perfilaron el fracaso electoral. Cuestión que es, sin duda, un factor digno de observar, pero que, en realidad, no es el argumento central, cuya solidez pueda explicar la crisis y debacle que tiene a su partido al borde de la extinción.
Lo que pasma de los argumentos de Viggiano Austria es que no develan las condiciones de forma y fondo que por décadas edificaron el cisma del PRI Hidalgo y a nivel nacional. Esta explicación crea un reduccionismo político que sólo aparece como una narrativa o relato, donde los elementos de ficción se unen a la beligerancia de una retórica sórdida y vacía, que en nada permite construir para el partido tricolor una visión positiva de la derrota política y donde, hasta ahora, no se ha presentado ningún proyecto de partido que pueda hacer frente a la consolidación de Morena en el poder.
En este escenario, la concentración de poder en el PRI Hidalgo y la petrificación de sus estructuras de cúpula, donde Marco Mendoza -pese a la estrepitosa caída electoral y, mucho más significativo, el desastre político del partido tricolor que lo pone en riesgo de perder el registro-, ha sido ratificado por Viggiano Austria, premiándolo con un espaldarazo de inmutable en la silla de la dirigencia estatal, lo que es una negación rotunda no sólo de los resultados que ha obtenido el partido con Marco Mendoza, sino de un cisma de proporciones insospechadas, pero sí analizables hacia la posible extinción del partido.
Es insostenible la retórica de Viggiano Austria que ha desplazado el “daño colateral” del partido a Omar Fayad, no porque Fayad Meneses no constituya una pieza del ajedrez político en Hidalgo que edificó el ascenso de Morena en un Pacto Político con López Obrador, sino porque no se pueden negar décadas de erosión política en el PRI Hidalgo y, desde luego, a nivel nacional, que son los vectores de la derrota del 2 de junio.
La paradoja de las conferencias de prensa que encabeza en Hidalgo Carolina Viggiano, que obtuvo su constancia como senadora, es que no presentan, ni por asomo de dudas, un análisis que no apunte a la personificación de las culpas que hoy tienen postrado al PRI Hidalgo. Esta condición reduce la realidad a suma cero y en términos de Hannah Arendt, quien sí explica con peso científico esta realidad, alude que “cuando se personifica una realidad política, se reduce la complejidad de los elementos del proceso que le dieron origen”, lo que impide la comprensión de la realidad con todos sus elementos.
Lo que espera la militancia del PRI Hidalgo, la ciudadanía e inclusive la clase política, como apelo a la veracidad política, es que Viggiano Austria y cualquier personero de la cúpula tricolor inicien un escenario de reconocimiento de sus responsabilidades histórico-políticas que permitan llamarle “al pan, pan y al vino, vino”; hacer del debido proceso de la verdad histórica de la derrota priista un escenario creíble y acorde a elementos veraces de explicación.
Los grandes ideólogos del PRI como don Jesús Reyes Heroles y, en su momento, Porfirio Muñoz Ledo, impusieron un discurso de autocrítica y reflexión analítica de las estructuras del partido tricolor que, en tiempo y espacio, le ganaron credibilidad y le permitieron construir no sólo una maquinaria política que hizo historia, sino también la hegemonía que edificó la institucionalidad de Estado a la que han apelado lo mismo Alejandro “Alito” Moreno y Carolina Viggiano, pero sin las virtudes y grandeza de esos priistas de notable inteligencia.
La explicación del daño colateral no suple a la verdad histórica.
