Profunda tristeza en el medio cinematográfico causó la muerte del gran actor francés Jean-Paul Belmondo, uno de los íconos del cine mundial.
Nacido el 9 de abril de 1933 en Neuilly sur Seine, estudió en el Conservatorio Nacional Superior de Arte Dramático y saltó a la fama en la Nueva Ola Francesa, trabajando al lado de sus directores más renombrados.
Con Jean Luc Godard filmó Sin aliento, Una mujer es una mujer y Pierrot el loco; con Francois Truffaut, La sirena del Mississipi; con Phillipe De Broca, El hombre de río y Aventuras de un chino en China; con Louis Malle, El ladrón de París; con Claude Chabrol, Bajo llave y El doctor Popaul; Stavisky, de Alain Resnais, y Los miserables, de Claude Lelouch, por solamente mencionar algunos de sus 91 trabajos fílmicos.
Considerado como el galán feo por excelencia, se daba el lujo de conquistar a bellezas como Jean Seberg, Ursula Andress y Catherine Denueve. Especie de contraparte del guapo Alain Delon, compartió estelares con él en Borsalino, de Jacques Deray.
A Belmondo se le recuerda interpretando a un cura en Leon Morin, sacerdote, de Jean Pierre Melville; actuando en Moderato cantábile, de Peter Brook, y en superproducciones como ¿Arde París? y Casino Royale.
Descanse en paz este gran actor.

Por: Jorge Carrasco V.
Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Periodista activo desde 1981 en diversos medios. Especialista en temas internacionales, deportes y espectáculos. Autor de biografías sobre Pedro Infante y Joaquín Pardavé de Editorial Tomo.